| La luz es un rayo electromagnético, caracterizado
por su longitud de onda; y medido en nanómetros ( 1 nm = 1 millonésima de milímetro ).
La luz la componen tres longitudes de onda : la luz ultravioleta (<380nm), la luz
visible, y la luz infrarroja (>780nm). Existen tres tipos de luz ultravioleta ( UVA, B
y C ), todos éllos peligrosos para la vista, pudiendo dañar la córnea, el cristalino e
incluso la retina.
A medida que penetra en la atmósfera, la luz solar es inicialmente filtrada por la capa
de ozono.
La capa de ozono bloquea casi toda la luz ultravioleta, y sobre todo el componente más
peligroso - UVC (100 a 280 nm). La mayor parte de la luz infrarroja es filtrada por las
gotas de agua suspendidas en la atmósfera. La luz visible que llega a nivel de suelo
contiene una cierta dosis de luz ultravioleta e infrarroja. Aunque en pequeñas
proporciones la luz ultravioleta y la luz infrarroja no son peligrosas, con el tiempo
pueden tener efectos dañinos. Cuando la intensidad de la luz es alta, es fundamental
adoptar medidad de precaución.
A medida que penetra en la atmósfera, la radiación solar es refractada en todas
direcciones a una velocidad inversamente proporcional a su longitud de onda. Como la
luz azul tiene la longitud de onda más corta (de 380 a 50 nm) es la más refractada. Por
eso el azul es el color más común, lo que explica que el cielo sea azul.
La
luz y el ojo
Cuando la luz penetra en el ojo, se dispersa de la misma
manera que en la atmósfera, iluminando toda la retina. En este caso, la luz azul también
es la más común.
La luz azul provoca deslumbramiento no sólo cuando la luz es fuerte, sino también cuando
las células de la retina envejecen o se hacen hipersensibles. La luz ultravioleta puede
dañar la córnea, y una exposición prolongada puede provocar cataratas.
Para combatir los efectos dañinos de la luz ultravioleta y el deslumbramiento, las gafas
de sol tienen que filtrar toda la radiación indeseable. |